La parte bonita de la profesión: he de hacer un bosque, ‘El Bosque de las Amazonas’, y ensayo efectos especiales de copas de árbol con el pincel seco de efectos especiales. No es Pixar, pero se disfruta igual.
La parte menos bonita de la profesión es que te duermes, se encima la hora, y la prisa no deja salir al bosque maravilloso que había en tu mente. Te sale un bosque, pero no ése. ¿Será cuestión de más efectos especiales? Vale, pero que sea una cosa rápida: fabricar ramas mojando en pintura la cuchilla del cúter.
Pero no se parece al apasionado verdor soñado en tu coco, y decides que bosque, no: árboles sueltos. Y los efectos, no con pincel de efectos —lento y finolis—, sino machacando el pincel del kit de témpera infantil que lleva siglos por casa, y al que no le tienes ningún respeto.
Sigue sin ser nuestro esplendor pensado. ¿Y si el encargo está equivocado? El encargo era el «Bosque de las Amazonas», pero ¿cómo van a cabalgar las amazonas en un bosque lleno de árboles por medio? Tal cosa es imposible. El encargo está equivocado. Pintaré una llanura.
Todo se ha ido de madre, ahora sí, de lo que teníamos en mente. Miras la hora, quedan tres para entregar. Ves pasar tu vida en diapositivas y recuerdas a tus seres queridos. Por suerte, años de entrenamiento y de habernos visto tantísimas veces en esta situación nos dan la frialdad del artificiero.
Veamos: tengo los pedacitos de copas de árbol que hice al principio, en mi momento Pixar. Pintarlos me llevó diez minutos. Si ahora invierto no más de media hora en hacer pedacitos de setos y pedacitos de hierba, y lo pego todo con Pixar de Hacendado (Photoshop), tendré mi bosque.
Resultado: una ambigüedad —válida tanto para las Amazonas como para el 7º de Caballería— atrayente y vendible. Y cobrable, espero, a no mucho tardar, que es la parte bella bellísima de la profesión. Partes bellas bellísimas en este trabajo hay cada día menos: este ratito con ustedes, y poco más.
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EL BOSQUE DE LAS AMAZONAS
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